Sastrerías de toreros: el arte en oro y seda

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Nos adentramos en las sastrerías, los talleres artesanales donde los toreros visten sus sueños

A raíz del cierre de la mítica Sastrería Emilio hace unos días, queremos hacer un repaso por las principales sastrerías de toreros.

Emilio anunciaba su cierre tras 37 años de trabajo. Una noticia triste ya que son pocos los talleres dedicados a la confección de vestidos de luces. La de Emilio, situada en Madrid, fue fundada por Emilio Asiain, discípulo de Pelayo, junto a su mujer Encarni y ha sido su hijo Emilio quien ha estado al frente del negocio los últimos 20 años.

Su taller ha sido un referente en la manufactura de traje de luces, capotes de paseo y brega y muletas. Han sido muchos los profesionales que allí han depositado su confianza en las casi cuatro últimas décadas.

Emilio sastre de trajes de luces

Los fundadores Encarni y Emilio en su taller de Madrid.

La histórica sastrería madrileña de Santiago Pelayo fue la escuela de algunos de los actuales sastres; y la mayoría está de acuerdo en que fue el gran maestro. La de Fermín también tuvo allí sus raíces.

Un referente de las sastrerías de toreros: Fermín

Si hay una sastrería de toreros actualmente a la cabeza es, sin duda, Casa Fermín. Fermín López la fundó en 1963 después de 15 años en el taller de Pelayo, aunque, hijo de bordadora, comenzó con las agujas ya de niño. Al igual que su hermano pequeño, Antonio, quien está al frente del negocio desde 1995, año en que falleciese Fermín.

Por sus manos han pasado (y continúan pasando) las principales figuras del toreo, desde Luis Miguel Dominguín a José Tomás, pasando por Curro Romero, Antoñete, El Juli, Alejandro Talavante o Roca Rey. Junto a ellos ha elegido hilos de oro; bordados de hojas, palmas, flores o piñas; alamares; lentejuelas; colores como grana, tabaco o verde botella…

En su taller cuenta con 10 costureras que realizan la minuciosa y artística labor de confeccionar chaquetillas, taleguillas, chalecos, camisas o medias; siempre con los mejores materiales y la máxima dedicación. De sus manos salen cada año unos 170 vestidos de luces.

Antonio Lopez sastre de trajes de luces

Antonio López, de la sastrería Fermín. Fotografía de Claudio Álvarez para El País.

 

Santos García, sastrerías en Madrid y Andalucía

La Sastrería de Toreros Santos es otra de las que no da a basto a lo largo de la temporada taurina. Con más de 30 años de experiencia, Santos García fundó la casa en 1998 y es un auténtico amante del arte y el trabajo con mimo. Su taller se encuentra en la madrileña calle de O’Donell, aunque cuenta con sucursal en El Puerto de Santa María, y por allí han pasado Enrique Ponce (a quien confeccionó un vestido inspirado en el Valencia para las pasadas Fallas), Morante de la Puebla o Padilla. Finito de Córdoba estrenó una pieza suya para hacer el paseíllo en Las Ventas este último San Isidro.

También ha realizado vestidos muy especiales como el diseñado por Armani para Cayetano Rivera en una Goyesca de Ronda.

Santrería Santos García

Santos Garcia en su taller.

 

La originalidad de Justo Algaba

En pleno centro de Madrid se encuentra también la Sastrería de Toreros Justo Algaba, otro de los maestros de cabecera del escalafón taurino. Justo Algaba supo que quería vestir a esos hombres que toreaban de luces viendo torear a Manuel Benítez ‘El Cordobés’ en 1963, en su Albacete. Tras años de aprendiz, fundó su sastrería en 1978 y desde entonces ha vestido a figuras como Rafael de Paula, Curro Romero, o a Padilla en su especial reaparición de Olivenza.

Pero su trabajo no se queda ahí, y es que Justo se considera diseñador y ha podido trabajar con artistas de la música, producciones de cine y televisión como Carmen o Herederos e incluso óperas de todo el mundo.

Sus vestidos dan una vuelta de tuerca al clasicismo y conjugan moda y tradición.

Justo Algaba sastre toreros

Justo Algaba en su museo-taller de Sol, en Madrid. Fotografía de Cristina Bejarano.

¿Sabías que…?

En la elaboración de un vestido de luces pueden emplearse hasta 150 horas de trabajo, pesan algo menos de cinco kilos y su precio medio ronda los 4.000 euros. Se llaman así por los miles de lentejuelas que los adornan y el brillo que desprenden.

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