El origen del toro de lidia y sus encastes
Una de las preguntas más frecuentes en los neo aficionados es la procedencia del toro de lidia, así como los diferentes encastes de la cabaña de bravo. En este texto tienes todas las respuestas sobre el origen de este animal y las derivaciones que nos hicieron llegar hasta los ejemplares que hoy en día vemos lidiar en las plazas.
En La Tauromaquia, denominamos encaste al efecto de cruzar distintas procedencias de ganado bravo. Pero para poder llevar a cabo esa mezcla debemos remontarnos a las denominadas Castas Fundacionales, aquellas de donde deriva el toro tal y como lo conocemos hoy.
Porque el toro de lidia es el resultado de una serie de mestizajes entre esas castas antes mencionadas, que son fundamentalmente: Vistahermosa, Gallardo, Cabrera, Vazqueña y Jijona, si bien también han de incluirse en la lista la Casta Navarra y la Morucha Castellana, que muchos historiadores obvian por su poca influencia en el toro moderno.
A continuación vamos a desmenuzar cada una de ellas para, tirando del hilo, llegar a los encastes actuales, que veremos en un trabajo posterior.
- Casta Vistahermosa: Se generó en el siglo XVIII con reses de los hermanos Rivas (de Dos Hermanas) adquiridas por el Conde de Vistahermosa es la casta fundamental, pues de ella proceden los encastes que están más en boga en la actualidad. ¿Por qué? Porque por sus condiciones es la casta que más se adecúa al toro moderno, el toro que sirve para el espectáculo tal y como hoy día lo conocemos. Esto es, un animal que tenga duración en el último tercio (la muleta) y que no se desgaste en el peto, como sucedía en La Tauromaquia anterior a Joselito El Gallo, torero visionario que fue quien aventuró que ésta era la casta del futuro porque descubrió antes que nadie los caminos por los que se iba a adentrar este arte. Los encastes de Murube, Núñez y Domecq proceden de esta sangre.
- Casta Gallardo: Tiene también su origen a mediados del siglo XVIII, con el ganado bravo que poseían los frailes dominicos del Convento de San Jacinto en Sevilla. Su nombre le viene porque, desde 1790 el ganado estuvo en poder de Francisco Gallardo. Se trata de un toro reunido, bien armado sin resultar aparatoso, cuyo principal defecto es el de no acabar de humillar. Hoy en día, la única ganadería que posee un reducto de esta sangre es la de Partido de Resina (antes Pablo Romero).
- Casta Cabrera: Oriunda del siglo XVII en Utrera. Su nombre le viene de José Rafael Cabrera. Se trata de un toro con alzada, caja y romana. Un animal grande, de mirada viva, indómito y áspero, tal y como podemos apreciar en la única ganadería que conserva una parte de esta sangre, la de Miura, su bien hoy en día su toro es la suma de varias sangres, la preponderante, y por la que más se define esta vacada, es la de Cabrera.
- Casta Vazqueña: Igualmente oriunda de Utrera (Sevilla), una de las cunas más reconocidas del toro bravo. Animales con multitud de accidentes cromáticos, suelen ser anchos y frentudos de estampa y muy fogosos en los primeros tercios, especialmente en el caballo, para luego irse apagando progresivamente. De ahí su decadencia en el primer tercio del Siglo XX. Hay dos derivaciones de esta casta: Veragua (de la que conservan simiente divisas como Prieto de la Cal, Aurelio Hernando o la portuguesa de Canas Vigouroux) y Concha y Sierra y Fernando Palha, que también pasta en tierras lusas.
- Casta Jijona: La última de las consideradas cinco grandes castas. Son animales que se criaban, a finales del siglo XVI en Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real), así como los Montes de Toledo, la cuenca del Jarama y el Tajo, a su paso por Aranjuez, y los Campos de Colmenar Viejo. Toros grandes y robustos, se denominaban “jijones” por su pelo colorado encendido. Eran ejemplares de bravura primigenia, con gran fama en la época, pues eran ganaderías que, por proximidad, lidiaban mucho en Madrid. La llegaba del toro de Vistahermosa también los relegó al ostracismo, hasta el punto de que ya no queda nada de esta sangre en la actualidad, siendo la de Aleas, en Colmenar Viejo, posiblemente la última que la tuvo vigente. A pesar de esto, existen algunas informaciones que aseguran que pervive la estirpe jijona en la ganadería de Peñajara, que de hecho, para dar credibilidad a esta teoría, adoptó la nomenclatura de Peñajara de Casta Jijona.
6. Casta Navarra: Se trata de ejemplares localizados en las postrimerías del siglo XVII en el margen izquierdo del Río Ebro, a su paso por localidades navarras, que después extendieron su dominio a poblaciones aragonesas y tarraconenses, así como a parte del litoral mediterráneo. De pelo colorado, se les denominada “toricos royos” por su reducido tamaño, que luego compensaban con una movilidad endiablada, cuando la lidia se circunscribía a los primeros tercios de la misma. Cuando se impuso la faena como núcleo central del rito estos animales desaparecieron de las plazas de toros, pero sin embargo encontraron su nicho en los festejos populares (sueltas de vaquillas, concursos de anillas y roscaderos) donde sus cualidades son muy apreciadas. Desde hace varios lustros el ganadero Miguel Reta se ha empeñado en devolver esta sangre a los festejos formales y en ello anda con el hierro de Reta de Casta Navarra, con el que ha lidiado encierros en plazas como Céret, Estella o San Agustín de Guadalix.
7. Casta Morucha Castellana: Se refieren a esta casta los animales que pastaban en las riberas del Río Duero en los albores del siglo XVIII, concretamente en terrenos vallisoletanos de Boecillo y Raso de Portillo, donde, dicen, se formó la primera ganadería de bravo, la más antigua de España. En estos pastos existe en la actualidad una ganadería con ese nombre, de gran personalidad, cuya base principal es una parte ibarreña de la sangre Santa Coloma, lejos de los animales recios y duros, como el duro invierno castellano, que les dio fama, y que hoy en día se encuentra totalmente desaparecida.
Jose Miguel Arruego
Periodista Taurino











