El próximo domingo 6 de septiembre, a las 18:30 horas, la bicentenaria y Real Plaza de Toros de Aranjuez detendrá el tiempo. En el bellísimo marco de las Fiestas del Motín, declaradas de Interés Turístico Internacional, el coso ribereño no albergará un festejo convencional, sino una verdadera celebración del sentido estético de la tauromaquia.
Bajo el evocador formato de la Corrida Goyesca, la empresa Circuitos Taurinos ha logrado reunir en un mismo ruedo la terna más esperada por los paladares más exigentes del panorama taurino: Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado. Tres nombres que son sinónimo de orfebrería, lentitud y duende, acartelados ante los prestigiosos astados de Núñez del Cuvillo.
Hablar de este cartel es hablar de una comunión perfecta entre el escenario y la interpretación del toreo. La fisonomía neoclásica de la plaza de Aranjuez, envuelta en la atmósfera histórica y palaciega del Real Sitio, se presta como el lienzo ideal para una terna que huye de las prisas y la pirotecnia. Este festejo rescata el toreo entendido como una experiencia espiritual y plástica, donde el triunfo no se mide en la frialdad de las estadísticas o la cantidad de orejas cortadas, sino en la calidad de los lances y la hondura de los muletazos. Es el reino de la verónica cadenciosa, el natural de mano baja corriendo la mano con infinito compás y el remate cargado de torería que despierta los olés más profundos de un tendido que guarda memoria de tardes memorables.
La presencia del genio de La Puebla del Río encabeza este banquete para los sentidos. Morante de la Puebla regresa a esta tradicional cita de septiembre consolidado como el auténtico guardián de las esencias en un ruedo bicentenario que conoce a la perfección. No en vano, Aranjuez es uno de los territorios predilectos de su dilatada trayectoria, una de las plazas fetiche donde el maestro se ha hecho el paseíllo en infinidad de ocasiones para regalar faenas de una impronta imborrable. Su magisterio y su toreo, un compendio vivo de la historia dorada de la fiesta, encuentran su réplica idónea en dos espadas sevillanos que llegan avalados por los dos últimos grandes hitos de la historia reciente de este coso y ante este mismo hierro.
La expectación de volver a ver a Juan Ortega en Aranjuez responde a la apoteosis vivida en junio del año pasado. En aquella tarde inolvidable de la Corrida de San Fernando, Ortega firmó una sinfonía de toreo lento, templado y sublime ante un gran toro de Núñez del Cuvillo, culminada con un estoconazo inapelable que le valió para pasear de forma clamorosa las dos orejas y el rabo.
Del mismo modo, el idilio de este ruedo con la divisa gaditana volvió a alcanzar la máxima excelencia el pasado mes de mayo de 2026, cuando Pablo Aguado resucitó de forma deslumbrante en una faena llena de alegría, inspiración y cadencia a lomos de la música de Granada. Aguado formó un auténtico alboroto, cortando igualmente los máximos trofeos de dos orejas y raboa un soberbio y bravo astado de Cuvillo premiado con la vuelta al ruedo.
Para el aficionado que busca la emoción a través de la belleza, acudir a Aranjuez este 6 de septiembre es una obligación ineludible. El encierro de Núñez del Cuvillo, divisa marcada por su clase y ritmos pausados, vuelve a postularse como la materia prima idónea para que el duende y la inspiración de estos tres colosos —que ya saben lo que es sublimar el toreo en este albero— puedan brotar sin ataduras.
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