Según la RAE, una superstición es una creencia irracional y sin base científica que atribuye consecuencias positivas o negativas a ciertos hechos o circunstancias, a menudo basándose en el pensamiento mágico o la casualidad. Estas convicciones pueden estar relacionadas con la mala o buena suerte. Por ejemplo, la creencia de que romper un espejo o cruzarte con un gato negro trae desgracia.
En La Tauromaquia las supersticiones siempre han estado ligadas el espectáculo, seguramente por el rito y el “baile con la muerte” que éste conlleva. A continuación, vamos a relatar las diez más comunes, pero es importante constatar que no todas las personas relacionadas con La Tauromaquia tienen las mismas supersticiones, incluso muchas de ellas tienen “manías” propias.
1.- El Amarillo. Es un color que evitan en su atuendo o sus pertenencias todos los toreros. Es un color que, de modo casi generalizado, se considera que da “mal fario”. Algunos matadores han desafiado esta creencia, como Jesulín de Ubrique, que se encargó un terno expresamente de esta tonalidad en sus años de máximo apogeo. Otros como el mexicano Alberto Balderas murieron sin embargo en el ruedo vestidos de esta guisa. La fobia al amarillo es común entre los artistas y nació en el siglo XVII cuando Moliére murió en plena representación teatral un día en que vistió un ropaje amarillo.
2.- Sombrero o montera encima de la cama. Otra cuestión a evitar por los que se visten de luces, especialmente el día de la corrida. Por esta circunstancia restringen el número de personas que acceden a la habitación. Y solo el modo de espadas y los muy allegados, sabedores de esta circunstancia, tienen ese “privilegio”
3.- Dejar la luz de la habitación del hotel encendida (para luego poder apagarlas) es otra costumbre muy extendida tanto entre los matadores como entre los miembros de su cuadrilla.
4.- Evitar alojarse en una habitación con el número 13 o en alguna que sus números sumen esa cifra (49, 67, 94, 148…)
5.- Repetir hoteles o esquivar el mismo alojamiento, según se haya dado la última tarde en la plaza de esa localidad. Normalmente, si ha habido triunfo se suelen repetir sistemáticamente las mismas pautas de comportamiento que entonces, de igual modo que se cambian cuando la suerte ha sido esquiva.
6.- Mismo proceder con los colores de un traje de luces o con el bordado de los mismos. Superstición o no, los matadores tienen una gama de colores que rara vez varían en su vestimenta. Igual sucede con los bordados de los mismos. Enrique Ponce por ejemplo, hasta su última época, repitió el mismo bordado en toda su ropa de torear.
7.- Entrar a la capilla antes de liarse el capote de paseo. Sean o no creyentes los matadores (en el fondo, como decía Juncal, todos los toreros lo son) lo primero que hace la mayoría cuando pisan la plaza vestidos de luces es acceder a la capilla. Lo hacen para santiguarse, rezar para pedir protección o dejar una estampita sobre el altar.
8.- Al salir al ruedo, la mayoría de los profesionales, ya vistan de oro, plata o azabache, repiten el mismo ritual antes de iniciar el paseíllo (tocar las tablas de la barrera -madera- evitar pisar las rayas del tercio…) para atraer la buena suerte o espantar los malos augurios.
9.- Hay muchos matadores a quienes no les agrada que se guarde un minuto de silencio antes de iniciarse el espectáculo en el que les toca torear, no por el torero o la persona a la que se recuerda, sino porque la tradición dice que este hecho puede estar acompañado también de mala suerte.
10.- El brindis y la colocación de la montera. Cuando un torero brinda un toro al público, suele depositar cuidadosamente la montera, boca abajo, en la arena. O, si la lanza y ésta cae boca arriba, la suelen voltear bien con los flecos con la muleta, bien con la mano. La montera boca arriba dicen que les asemeja a un ataúd abierto, y tratan por todos los medios de no reproducir esa imagen justo antes de comenzar la faena.
Hay muchas más y muy variadas. De todo tipo y condición. Podríamos seguir eternamente con un listado que algunos profesionales creen a pies juntillas y otros hacen de forma firme, no sea que el triunfo o el fracaso esté relacionado con estas cuestiones. Son las consecuencias de poner en juego la vida cada tarde. Porque la muerte siempre está presente para dar credibilidad a este arte y fama y gloria a quienes tienen la osadía y el atrevimiento de ponerla en juego en cada festejo.
José Miguel Arruego
Periodista taurino











